Creación chamánica

Creación chamánica
Abrazo indálico

Por Juliana González Molina

lunes, 23 de noviembre de 2009

Tiempo de "Taki"

Cada poeta, como cada chamán, tiene su propio canto. Lo que llaman en la cultura Inga el "Taki". En el hallazgo de este taki está nuestra realización. Nuestras obras creativas son enteógenas, al igual que la ayahuasca, el peyote, u otras plantas de poder. Enteógeno significa "Dios en mí". Dios se manifiesta de forma diferente en cada ser. No hay ninguna flor idéntica a la otra. Cada ser vivo contiene en sí mismo un perfume único e irrepetible en el jardín de la existencia. Cada yo esencial viene al mundo a cumplir una misión que nadie más puede realizar. Por eso a la voz interior le resulta imposible manifestarse cuando permitimos que identidades foráneas nos desplacen del lugar que nos corresponde dentro del universo o cuando estamos ocupando el lugar que no nos pertenece.

El taki surge en el momento en que aceptamos, honramos y reverenciamos nuestra soledad. Un solitario, nos recuerda Unamuno, un verdadero solitario es aquel que danza en medio de la plaza toda al ritmo de la música que él solo, merced a la soledad en la que vive, oye. El taki es volar solo en comunión perfecta con la totalidad. Las obras maestras que han alcanzado el triunfo de la inmortalidad lo han hecho porque sus autores se atrevieron a ser originales. Un Leonardo Da vinci, un Walt Whitman, un Tarkovski, han sido un gran desafío al condicionamiento social y cultural de su tiempo, han ido más allá de su época, para tornarse en profetas, en semillas de oro de una humanidad porvenir.

Ése es el reto que nos plantea la creación chamánica. No el llegar a ser un Davinci o un Neruda, sino precisamente el trascender el hábito de imitar y repetir lo que ya está. El reto de ser auténticos, originales, no sólo al pintar o al escribir, sino al cocinar, al caminar, al pensar, al sentir. La creación chamánica no está reservada tan sólo para quienes se dedican al oficio de artistas sino para todo aquel que asuma el riesgo de hacer de sí mismo una obra de arte. Un artista es alguien que expresa un punto de vista nuevo sobre la realidad, alguien que logra que los demás aprecien el mundo con los ojos del recién nacido. El goce estético, la expresión personal, la unidad formal, el dominio técnico, el profesionalismo, la imaginación, el carácter, la libre experimentación y la creatividad son parte integral de nuestras creaciones.
El hecho de sustentarnos en principios y prácticas ancestrales no implica volver a ser artistas primitivos ni negar los aportes del arte contemporáneo, el arte clásico, el arte moderno y el arte de vanguardia. La invitación es más bien a reconocer e integrar la esencia de todos los estadios que hemos atravesado, para así poder ascender al próximo escalón en paz con nuestra historia. Volver a la raíz, no para quedarnos allí, pues eso sería asumir una actitud edípica e infantil, sino para recordar cuál es nuestro origen, para caminar con memoria, para cerrarle la puerta al olvido. Volver a la raíz y más tarde ascender por el tronco y luego por las ramas, hasta quedarnos en la flor y en el fruto, para finalmente ser aroma de lo que vendrá.


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Canto, poesía, mito y divinidad interior